6 AÑO

BIENVENIDOS





Actividad 4

Capítulo tercero
Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo D. Quijote en armarse caballero.
Yasí, fatigado de este pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena, la cual acabada llamó al ventero, y encerrándose con él en la caballeriza, se hincó de rodillas ante él, diciéndole, no me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la vuestra cortesía, me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en alabanza vuestra y en pro del género humano. El ventero que vió a su huésped a sus pies, y oyó semejantes razones, estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con él que se levantase; y jamás quiso, hasta que le hubo de decir que él le otorgaba el don que le pedía. No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío, respondió D. Quijote; y así os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana, en aquel día, me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado. El ventero, que como está dicho, era un poco socarrón, y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oír semejantes razones, y por tener que reír aquella noche, determinó seguirle el humor; así le dijo que andaba muy acertado en lo qeu deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía, y como su gallarda presencia mostraba, y que él ansimesmo, en los años de su mocedad se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los percheles de Málaga, islas de Riarán, compás de Sevilla, azoguejo de Segovia, la olivera de Valencia, rondilla de Granada, playa de Sanlúcar, potro de Córdoba, y las ventillas de Toledo, y otras diversas partes donde había ejercitado la ligereza de sus pies y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas, y engañando a muchos pupilos, y finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España; y que a lo último se había venido a recoger a aquel su castillo, donde vivía con toda su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los caballeros andantes de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por la mucha afición que les tenía, y porque partiesen con él de su shaberes en pago de su buen deseo. Díjole también que en aquel su castillo no había capilla alguna donde poder velar las armas, porque estaba derribada para hacerla de nuevo; pero en caso de necesidad él sabía que se podían velar donde quiera, y que aquella noche las podría velar en un patio del castillo; que a la mañana, siendo Dios servido, se harían las debidas ceremonias de manera que él quedase armado caballero, y tan caballero que no pudiese ser más en el mundo. Preguntóle si traía dineros: respondió Don Quijote que no traía blanca, porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba: que puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a los autores de ellas que no era menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse, como eran dineros y camisas limpias, no por eso se había de creer que no los trajeron; y así tuviese por cierto y averiguado que todos los caballeros andantes (de que tantos libros están llenos y atestados) llevaban bien erradas las bolsas por lo que pudiese sucederles, y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de ungüentos para curar las heridas que recibían, porque no todas veces en los campos y desiertos, donde se combatían y salían heridos, había quien los curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo que luego los socorría, trayendo por el aire, en alguna nube, alguna doncella o enano con alguna redoma de agua de tal virtud, que en gustando alguna gota de ella, luego al punto quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno no hubiesen tenido; mas que en tanto que esto no hubiese, tuvieron los pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas y ungüentos para curarse; y cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos (que eran pocas y raras veces), ellos mismos lo llevaban todo en unas alforjas muy sutiles, que casi no se parecían a las ancas del caballo, como que era otra cosa de más importancia; porque no siendo por ocasión semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros andantes; y por esto le daba por consejo (pues aún se lo podía mandar como a su ahijado, que tan presto lo había de ser), que no caminase de allí adelante sn dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán bien se hallaba con ellas cuando menos se pensase. Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda puntualidad; y así se dió luego orden como velase las armas en un corral grande, que a un lado de la venta estaba, y recogiéndolas Don Quijote todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y embrazando su adarga, asió de su lanza, y con gentil continente se comenzó a pasear delante de la pila; y cuando comenzó el paseo, comenzaba a cerrar la noche.

Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su huésped, la vela de las armas y la armazón de caballería que esperaba. Admirándose de tan extraño género de locura, fuéronselo a mirar desde lejos, y vieron que, con sosegado ademán, unas veces se paseaba, otras arrimado a su lanza ponía los ojos en las armas sin quitarlos por un buen espacio de ellas. Acabó de cerrar la noche; pero con tanta claridad de la luna, que podía competir con el que se le prestaba, de manera que cuanto el novel caballero hacía era bien visto de todos.

Antojósele en esto a uno de los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue menester quitar las armas de Don Quijote, que estaban sobre la pila, el cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo: ¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada, mira lo que haces, y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento! No se curó el arriero de estas razones (y fuera mejor que se curara, porque fuera curarse en salud); antes, trabando de las correas, las arrojó gran trecho de sí, lo cual visto por Don Quijote, alzó los ojos al cielo, y puesto el pensamiento (a lo que pareció) en su señora Dulcinea, dijo: acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance vuestro favor y amparo: y diciendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la lanza a dos manos y dió con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, que le derribó en el suelo tan maltrecho, que, si secundara con otro, no tuviera necesidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogió sus armas, y tornó a pasearse con el mismo reposo que primero. Desde allí a poco, sin saberse lo que había pasado (porque aún estaba aturdido el arriero), llegó otro con la misma intención de dar agua a sus mulos; y llegando a quitar las armas para desembarazar la pila, sin hablar Don Quijote palabra, y sin pedir favor a nadie, soltó otra vez la adarga, y alzó otra vez la lanza, y sin hacerla pedazos hizo más de tres la cabeza del segundo arriero, porque se la abrió por cuatro. Al ruido acudió toda la gente de la venta, y entre ellos el ventero. Viendo esto Don Quijote, embrazó su adarga, y puesta mano a su espada, dijo: ¡Oh, señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío, ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo caballero, que tamaña aventura está atendiendo! Con esto cobró a su parecer tanto ánimo, que si le acometieran todos los arrieros del mundo, no volviera el pie atrás. Los compañeros de los heridos que tales los vieron, comenzaron desde lejos a llover piedras sobre Don Quijote, el cual lo mejor que podía se reparaba con su adarga y no se osaba apartar de la pila por no desamparar las armas. El ventero daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que por loco se libraría, aunque los matase a todos. También Don Quijote las daba mayores, llamándolos de alevosos y traidores, y que el señor del castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía que se tratasen los andantes caballeros, y que si él hubiera recibido la orden de caballería, que él le diera a entender su alevosía; pero de vosotros, soez y baja canalla, no hago caso alguno: tirad, llegad, venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que lleváis de vuestra sandez y demasía. Decía esto con tanto brío y denuedo, que infundió un terrible temor en los que le acometían; y así por esto como por las persuasiones del ventero, le dejaron de tirar, y él dejó retirar a los heridos, y tornó a la vela de sus armas con la misma quietud y sosiego que primero.

No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra desgracia sucediese; y así, llegándose a él se disculpó de la insolencia que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna; pero que bien castigado quedaban de su atrevimiento. Díjole, como ya le había dicho, que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba de hacer tampoco era necesaria; que todo el toque de quedar armado caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se podía hacer; y que ya había cumplido con lo que tocaba al elar de las armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más que él había estado más de cuatro.

Todo se lo creyó Don Quijote, y dijo que él estaba allí pronto para obedecerle, y que concluyese con la mayor brevedad que pudiese; porque si fuese otra vez acometido, y se viese armado caballero, no pensaba dejar persona viva en el castillo, excepto aquellas que él le mandase, a quien por su respeto dejaría. Advertido y medroso de esto el castellano, trajo luego un libro donde asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino a donde Don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas, y leyendo en su manual como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó la mano, y dióle sobre el cuello un buen golpe, y tras él con su misma espada un gentil espaldarazo, siempre murmurando entre dientes como que rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. Al ceñirle la espada dijo la buena señora: Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero, y le dé ventura en lides. Don Quijote le preguntó como se llamaba, porque él supiese de allí adelante a quién quedaba obligado por la merced recibida, porque pensaba darle alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un remendón, natural de Toledo, que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya, y que donde quiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don Quijote le replicó que por su amor le hiciese merced, que de allí en adelante se pusiese don, y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió; y la otra le calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de la espada. Preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera, y que era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó Don Quijote que se pusiese don, y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos servicios y mercedes.


Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no vió la hora Don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; y ensillando luego a Rocinante, subió en él, y abrazando a su huésped, le dijo cosas tan extrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, respondió a las suyas, y sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a la buena hora.







Literatura

Actividad 3









Literatura

Actividad 2
















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Escuela Secundaria Nº9- Río Carabelas- San Fernando
Espacio curricular: ARTE
Prof. María Cristina González
Curso: 6to. U- Turno Único

Plan de Continuidad Pedagógica: Semana del 16 al 20/03  y del 23 al 30/03
 Teniendo en cuenta que en el primer periodo de clases se trabaja una Etapa Diagnóstica, el presente Plan de Continuidad  Pedagógica para este espacio curricular: ARTE, se trabajará, ( en primera instancia),  un repaso de los contenidos mínimos que se requieren, tanto para el análisis como para la producción de un trabajo y/o lectura de una obra de arte.
Contenidos:
Elementos Plásticos:
·         Punto: Según Vasili Kandinsky, “es el elemento plástico básico” ya que en él se encuentran en embrión la línea y la forma. Para ser percibido como tal, deberá tenerse en cuenta la relación de su tamaño con el plano que lo contiene. Ej. Un punto en el pizarrón, un punto en una hoja de carpeta, una estrella en el Universo nocturno. Es autónomo aunque puede integrar estructuras porque posee ciertas características en sí mismo como forma, tamaño, color y valor. Mediante la organización en el plano podemos crear distintas configuraciones.
(Valor: grado de claridad u oscuridad de un tono independiente de su color)
(Configuración: Conjunto organizado de elementos plásticos)
Ej Nº1






Actividad Nº1. Componer mediante el uso de puntos una imagen cuyo tamaño ocupe el espacio de una hoja tamaño Nº5, blanca y/o de color.
VER: https://youtu.be/xlI7kOSlFsE . El Punto. Peter H. Reynolds

·         Línea: Es una sucesión infinita de puntos. Es unidimensional, (tiene  una sola medida, el largo). Es el primer elemento plástico que intuitivamente  utiliza el ser humano, ya que la primera expresión gráfica de un niño es el garabato.
Puede ser abstracta, (no representar ningún objeto conocido), o definir áreas, como perímetro de formas. Posee un alto valor expresivo.
Se clasifican :
1.      Por su forma: en recta, curva, quebrada, ondulada, mixta. Pueden ser regulares e irregulares (seguir una misma dirección o ir variándola).
2.      Por su posición en el plano: en horizontal, vertical, oblicua.
3.      Por la sensación que produce según sea su posición: la horizontal se verá como estática, la oblicua como dinámica y la vertical como poseedora de un movimiento potencial o latente, ya que aunque está en equilibrio sobre un punto, puede perderlo y entrar en movimiento.
4.      La línea puede ser homogénea, cuando es de igual grosor en todo su recorrido, o bien modulada o enfatizada, cuando sufre engrosamientos o adelgazamientos paulatinos. El énfasis o modulación acentúa el sentido rítmico de la línea. La organización del plano mediante líneas provoca espacio, relaciones rítmicas, equilibrio, sugerencias de plano o volúmenes.
Ej.2


Ver: https://youtu.be/vbR_l1VnKm4 . Digitalización del libro “La línea” de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Ed. Eclipse. 2003
Ver: https://youtu.be/Z3fCNSR3m8M  De Caloi en su Tinta; Paroles en l’air (Palabras en el aire) corto de Sylvain Vincendeau.
 Observar en este video el uso casi exclusivo de la línea en el espacio, cómo usa los grises y la composición en cada escena.
Actividad Nº2. Como se viene contando en lo anterior, la línea es mucho más expresiva que el punto y nos permite generar muchas más imágenes y componer situaciones también interesantes.
Utilizando entonces líneas de todo tipo, (que ya he enumerado, “características”) realizar una composición en tamaño de hoja Nº5. Una con líneas homogéneas y otra con líneas heterogéneas. Se puede incluir líneas de color.

Ej.3. Con línea homogénea/Ej.4. Con línea heterogénea y puntos.
La presentación de los trabajos será a partir del 07/04 en clase. En esa instancia se hará una puesta en común en la que se evaluará en conjunto lo trabajado de manera domiciliaria. Siempre y cuando volvamos al aula, de lo contrario se presentarán en la escuela en la misma fecha, los visaré y haré los comentarios correspondientes y su devolución.

Trabajaremos en las siguientes  actividades con los siguientes elementos plásticos.
·         Espacio
·         Color
·         Textura

Atte. Profesora María Cristina González
Arte- 6to U. ESS Nº9- Río Carabelas. Islas San Fernando. 




























LITERATURA





















EL EXTRAÑO CASO DE LADY ELWOOD – R. Fontanarrosa


El inspector Havilland detuvo su Austin al costado del camino que conducía a Middleford y quedó pen­sativo. No había dicho a nadie dónde pasaría sus quince días de vacaciones y la idea de retomar el ca­mino hacia Londres se le instaló sólidamente en la cabeza.
Él tan sólo había prometido comunicarse cada tres días con Scotland Yard, en prevención de algún suceso inesperado, como el retorno del Destripador de Yorkshire, un ataque nuclear soviético o la fuga de un oso del zoológico. Esa franquicia de manejar a su gusto el contacto con sus superiores tan sólo se le concedía a hombres como Emerald L. Havilland, el más eficaz sabueso de las fuerzas de seguridad británicas. "El Detective Invicto" como bien lo había llamado la prensa tras su espectacular esclarecimiento del caso del robo del pony predilecto del Príncipe Andrew.
En tanto viraba lentamente el volante, una sonrisa, apretada en torno al cigarro que sostenían sus labios, ensanchó el rostro adusto del inspector: recordaba claramente la densa, profunda, prometedora mirada que le había dispensado Lady Elwood desde lo alto de su palco, días atrás, durante el concierto que brindó la Royal Philarmonic Orchestra.
Una hora después, el inspector Havilland, prote­giendo su boca y su nariz bajo el abrigo de la bufanda con los colores del Tottenham Hotspur, golpeaba suavemente con su puño enguantado a las puertas de la mansión de Lady Elwood, la riquísima viuda de sir Lewis Norton.
Tras unos minutos de espera Havilland repitió el llamado. Finalmente, con la curiosidad propia de la profesión, giró el picaporte comprobando que la pesada puerta estaba abierta. Antes de entrar observó hacia la calle. Nadie lo había visto. El viento y la lluvia eran dos azotes flagelando Newcastle Street.
Recorrió un par de salones desiertos y luego co­menzó a subir una ancha escalera de madera. En una de las habitaciones superiores halló a Lady Elwood. Estaba sobre la alfombra, caída al lado de su cama en posición poco ortodoxa y presentaba dos heridas profundas en la espalda.
Havilland husmeó el aire y luego tomó la medida que separaba la cómoda de la perilla de la luz. Fue hasta el cenicero y recogió dentro de un sobre las co­lillas de cigarrillos. Se paró en medio de la habita­ción, cruzado de brazos y mirando hacia los cerra­dos ventanales. Meneó la cabeza y silbó suave.
—Paul —musitó—. Finalmente lo hizo.
Recordaba el rostro joven e ingenuo de Paul Elwood, sobrino de la viuda, y las habladurías que de él y su tía se contaban en ciertos cenáculos.
—No debe haber abandonado el país aún —dedu­jo Havilland—. Tomará el ferry hacia Francia.
Anotó en una pequeña libreta la medida entre la cama y el ropero y constató que la puerta de éste estaba entornada. La abrió. Allí dentro, prácti­camente sentado sobre el piso de madera, algo oculto por la profusión de tapados y pieles, se hallaba el cadáver de Paul Carpentier, estrangulado por una corbata de seda italiana azul, con diminutos puntos rojos.
Havilland se pellizcó los labios y cerró el ropero. Miró su libreta de apuntes y golpeteó con la base de su lapicera sobre la tapa de la libreta.
—Mannix —silabeó—. Gus Mannix.
No escapaban a su memoria proverbial los rasgos acentuados de Gus Mannix, profesor de piano de Paul, a quien algunas revistas proclives al escándalo sindicaban como antiguo enamorado de Lady Elwood.
—Los celos —musitó Havilland— son malos con­sejeros.
Se encaminó hacia el baño. Allí podría detectar huellas dactilares del impetuoso profesor Mannix.
Havilland no pudo disimular un rictus de contra­riedad cuando, junto a la bañera, semitapado por la cortina plástica encontró el cuerpo del eximio pia­nista. Entre ceja y ceja, algo más arriba de la conge­lada expresión de asombro que dibujaban sus ojos, mostraba el orificio pequeño pero nítido de una bala calibre 22.
El inspector aspiró hondo y tomó la medida entre el lavabo y el grifo de agua caliente.
—Estoy ante la obra de un loco —dictaminó—, Jerry Fergusson.
Nunca había podido olvidar la mirada extraviada del jardinero mientras le explicaba su extraña teoría sobre la doble personalidad de las azaleas y la influen­cia que ejercían las monocotiledóneas sobre las de­cisiones del Vaticano. Tampoco nunca había olvi­dado que Jerry Fergusson le había confiado que atendía los jardines de Lady Elwood.
—Sé muy bien dónde estará oculto —se dijo. Sor­teando el cadáver de la acaudalada viuda, se dirigió al teléfono. No tenía tono. Observó que se hallaba desconectado. Agachándose tras el cable atisbó bajo la cama.
Allí, con la cabeza destrozada por un atizador de la estufa de leños, vio a Jerry Fergusson, el jardi­nero.
Havilland se frotó suavemente las yemas de los dedos. Frunció los labios y aprobó un par de veces enérgicamente con su cabeza.
Colocó nuevamente el auricular del teléfono en su horquilla. Luego retornó las colillas que había sacado, a sus ceniceros. Cortó la hoja con anotacio­nes de su libreta y la arrojó al inodoro, accionando luego el turbión de agua.
Se arrebujó entonces en su bufanda, bajó el ala de su sombrero, salió de la casa cerrando con cuidado la puerta y subiendo al Austin retomó el camino hacia Middleford.




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Educación Física.


Profesor: Guillermo Zacarias. 

TRABAJO PRÁCTICO.

CAPACIDADES FÍSICAS EN EL FÚTBOL.

APELLIDO/S NOMBRE/S CURSO DIVISIÓN
  

EL SIGUIENTE TRABAJO DEBE SER COMPLETADO EN LETRA CLARA Y LEGIBLE, EN BIROME Y NO EN LÁPIZ.

Actividad física y fútbol.

   El fútbol incluye una actividad física muy importante. Durante un partido de fútbol profesional de 90 minutos, un jugador, dependiendo de su posición y de las dimensiones del campo, recorre entre 6 y 15 km.   
  Los arqueros deben poseer unas habilidades perceptivas lo suficientemente desarrolladas en función de la rapidez con la que se desplaza el balón. La velocidad a la que se traslada la pelota, tomando como referencia un tiro de penal, es en promedio de 125 km/h, de modo que la estimación del tiempo que toma en llegar a la red se cifra entre 0.2s a 0.3s de no haber contacto previo. En este corto periodo de tiempo, el arquero debe decidir cómo debe reaccionar. Utilizando para ello la velocidad y fuerza explosiva en sus brazos y piernas como cualidades físicas.
 Lógicamente al tratarse de un equipo cada uno en su rol tratan de llegar al objetivo común. Dentro del reglamento del futbol y con idea colectiva. Porque sino dejaría de ser un equipo, donde cada uno hace lo que quiere.  No todos atajan con las manos, para eso está el arquero. Y si éste lo hace fuera de su área grande comete infracción.
    Desde ya que por el lugar y función que ocupa cada uno en un equipo no son la mismas funciones que cada uno desarrolla. Ni son las mismas las cualidades físicas. 
    Un arquero debe ser veloz y fuerte en un muy corto período. El delantero argentino Lionel Messi  se desplaza a una velocidad cercana a los 33 km/h para conectar el pases de gol a sus compañeros (comúnmente llamado pique). Y así lograr los goles.  Apelando para ello a la velocidad como cualidad física principal. Sumando en total casi 10 kilómetros recorridos en total en todo el partido, utilizando para ello la cualidad física resistencia.




LEA ATENTAMENTE EL TEXTO ANTERIOR Y RESPONDA.

1.¿ Qué distancias puede llegar a recorrer un jugador en un partido de fútbol?


2.- ¿Cualquier integrante del equipo puede hacer cualquier cosa? ¿Qué pasaría si el arquero ataja con las manos fuera de su área grande?




3.- ¿ A qué velocidad se traslada una pelota de fútbol en el momento de ejecutarse un penal?. ¿Qué cualidad física utiliza un arquero?






4.- ¿ A qué velocidad corre Lionel Messi para hacer un pase de gol?
¿Qué distancia recorre Messi en total en un partido de 90 minutos aproximadamente?


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